Sudán-Sudán del Sur: La frontera de la ira

Por Julio Morejón*

La Habana (PL) La decisión de Sudán de cerrar su frontera con Sudán del Sur, evidenció el deterioro de sus relaciones y hace pensar con suma inquietud en la posibilidad de que se desatara un conflicto armado.

Tal acción se percibió como una represalia al supuesto apoyo sureño a los rebeldes de Nilo Azul y Kordofán del Sur, enfrentados al ejército de Jartum.

Esas dos regiones pertenecen al norte, pese a que lucharon junto al Movimiento Popular para la Liberación de Sudán (MPLS), ahora poder en el sur, durante la guerra concluida en el 2005 con un acuerdo que abrió el camino a la división del país.

La administración de Juba, encabezada por el exguerrillero Salva Kiir, ha rechazado las declaraciones del gobierno de Jartum relativas a cualquier apoyo a los guerrilleros; no obstante, habría que ver hasta dónde persisten los lazos y compromisos establecidos en el período preindependentista, y si aún funcionan.

Jartum identificó al otro como enemigo, caracterización poco sólida si se tiene en cuenta que hace menos de dos años ambos Estados componían uno sólo, el gigantesco Sudán.

Ahora, los dos países sostienen disputas por el control de la zona fronteriza de unos mil 800 kilómetros , y por “el tránsito de petróleo sursudanés a través del territorio y las infraestructuras de Sudán”

El razonamiento que sigue es si en realidad ambos encajaban en un esquema de integración o no, la vida mostró que las discordancias superaban a las consonancias, pero al parecer podría estar actuando variables que encarnan una contradicción de fondo.

Sudán del Sur -de los dos el más pobre, pero con grandes recursos petroleros- al independizarse el pasado 9 de julio no resolvió varias cuentas pendientes con su similar, principalmente el hecho de definir en forma precisa los límites físicos de jurisdicción.

El Acuerdo Integral de Paz de 2005 entre el gobierno de Hassán al Bashir y la guerrilla del Movimiento Popular para la Liberación de Sudán (MPLS) definió que el asunto territorial se debatiría tras la celebración de un referendo de autodeterminación del sur, primer paso institucional hacia una nueva configuración estatal.

Las dos partes aceptaron posponer esa definición claramente estratégica, pero tal decisión conllevó a nuevos problemas en cuanto a quien podría considerarse suelo de cada uno.

No obstante, la aceptación de los resultados de la consulta pública por la administración, la posposición del debate territorial y sus aspectos complementarios, como es la distribución de las ganancias por la explotación de las fuentes de hidrocarburos creó un ambiente tenso y muy complejo.

Meses después del 9 de julio de 2010, cuando Sudán del Sur oficialmente se escindió del norte, hubo una movilización internacional para convencer a los dos protagonistas de reducir las presiones y negociar “lo negociable”, es decir, agotar los mecanismos de distensión y hacer valer la razón por encima de la fuerza.

Pasado el jolgorio por la secesión comenzaron a aflorar dilemas que, aunque muchos se previeron, no dejaron de ser desafíos (principalmente económicos y políticos), pues la ruptura significó el fin de una complementariedad que -con todos sus defectos- había logrado por años preservar cierto equilibrio.

Pero la división que condujo a la aparición de dos países habría de tener otro costo y fue que al cruzar la línea comenzaron a presentarse fisuras en cuanto a la composición nacional. Grupos armados hasta entonces calificados como controlables ganaron beligerancia al sentirse motivados por la separación de Sudán del Sur.

Casos como la persistente guerrilla de Darfur, en el occidente sudanés y los intentos separatistas en la provincia de Kordofán del Sur, podrían interpretarse como receptores del estímulo emancipador pero que amenazan con destruir o fragmentar gravemente a la unidad nacional.

Sudán, donde está la infraestructura para el refinamiento y exportación del crudo, entró en desavenencia con Sudán del Sur -el más joven país africano, donde está la mayor parte de los yacimientos del combustible. A las demandas económicas le sucedieron las acusaciones políticas.

Cada uno alegaba que el otro le amenazaba la integridad como Estado y que cada uno conspiraba contra el otro para excluirlo del juego político.

Un largo intercambio de acusaciones se suscitó también por la posesión de la región de Abyei, ubicada en la frontera y poseedora de un gran potencial del hidrocarburo y donde comenzó a ocurrir un éxodo de habitantes que huían de la contienda que enfrentaba a las tropas de los dos actores.

Las autoridades de Sudán del Sur informaron que en un corto período más de 150 mil personas huyeron de esa zona disputada con el norte.

El ministro de Asuntos Humanitarios, James Kok Ruea, precisó que muchos de los desplazados carecían de techo para cobijarse tras escapar del área donde se intensificaron los enfrentamientos ente el ejército sudanés, que ocupó la localidad y la exguerrrilla sursudanesa del MPLS, ahora gobierno en la franja meridional.

A finales del mes pasado, los combates en la frontera obligaron al presidente sudanés, Omar Hassán al Bashir, a postergar un viaje a Juba, la capital sureña, informaron fuentes oficiales.

“Los choques se iniciaron este lunes (26 de marzo) después de un ataque de un batallón sudanés contra fuerzas de Juba en Teshuen, afirmó el portavoz de las Fuerzas Armadas sursudanesas Philip Aguer”. Según Ague, la acción fue lanzada desde la ciudad petrolera sudanesa de Heglig, fronteriza con Sudán del Sur, y respondió a un plan del sector probélico en Jartum que quería sabotear la visita de Al Bashir.

Las hostilidades entre los dos Estados escalaron cuando Juba dictó la suspensión de su producción petrolera, ingreso vital para las dos partes, añadió el representante sursudanés.

Mientras, la Organización de las Naciones Unidas manifestó estar preocupada por los enfrentamientos militares en la frontera.

El secretario general de la ONU , Ban Ki-moon, expresó su inquietud por los combates y llamó a los dos gobiernos a respetar los acuerdos aceptados para dar paso a la estabilidad en la zona fronteriza.

Ban “está hondamente preocupado por los enfrentamientos militares y llama a los gobiernos de Sudán y Sudán del Sur a respetar plenamente e implementar los acuerdos que ya alcanzaron en materia de seguridad y protección de las fronteras”, afirmó Martin Nesirky, portavoz del secretario general.

Un momento importante y que pudo crear condiciones positivas para el diálogo fue cuando el pasado 13 de marzo en Adis Abeba los dos países alcanzaron -a instancias de la Unión Africana- un acuerdo bilateral sobre nacionalidad y demarcación de fronteras comunes.

En esa ocasión los representantes de las partes abordaron temas que motivaron fricciones y se pronunciaron por avanzar en esa línea constructiva, pero eso no traspasó los límites de las aspiraciones.

* Periodista de la Redacción de África.

Em/mt

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