Pakistán: Duro golpe para Estados Unidos

Por Manuel Navarro Escobedo *

La Habana (PL) La cooperación forzada en la denominada guerra global contra el terrorismo de Estados Unidos recibió un duro golpe con el cierre por Pakistán de la base de los mortíferos drones y la frontera para la logística de la OTAN hacia Afganistán.

Esa colaboración, presionada desde el 7 de octubre del 2001, proporcionó al Pentágono en el territorio surasiático gigantescas instalaciones aéreas en la ciudad de Jacobabad para logísticas y operaciones, así como las de Shamsi, Pasni y Dalbadin.

El ex presidente, general Pervéz Musharraf, reveló en el 2007 en rueda de prensa en Nueva York que Washington amenazó con convertir en piedra y polvo a Pakistán si rehusaba ayudar con bases militares en la agresión a Afganistán.

Pero, desde que Islamabad juntó con Washington las zonas tribales fronterizas, en especial Waziristán del Norte y del Sur, con Afganistán, se convirtieron en los principales blancos de los ataques aéreos y de comandos especiales con los subterfugios de perseguir supuestos talibanes y la red islámica de Al Qaeda.

La elevada cifra de víctimas civiles pakistaníes, destrucciones de viviendas y autos desató la indignación y repulsa entre la población, que clamó por finalizar la cooperación con Estados Unidos.

Los ataques contra ese territorio, en violación de su soberanía y pactos bilaterales, causaron la muerte a más dos mil civiles y militares, y heridas a otros mil 500 pakistaníes.

Fuentes del Ministerio pakistaní del Interior comunicaron que esos aviones manejados por control remoto ejecutaron más de 236 golpes aéreos sobre Pakistán bajo la presidencia de Barack Obama, equivalente de uno cada cuatro días.

A lo cual se sumó la operación encubierta de una dotación de la agrupación de los SEAL en territorio pakistaní, que causó supuestamente la muerte de Osama bin Laden, líder de la red islámica Al Qaeda, el pasado 2 de mayo.

Como colofón, la copa se colmó cuando helicópteros y aviones de combate de la OTAN atacaron dos puestos militares pakistaníes el 26 de noviembre, antes del alba, y causaron la muerte a soldados en un incidente descrito como un asalto no provocado.

Según jefes militares pakistaníes, los mandos de la alianza atlántica tenían perfectamente identificados esos puntos de vigilancia y control, y conocían que en los últimos tiempos los talibanes permanecían inactivos en la zona.

A la hora del ataque, la mayoría de los custodios dormían. Al menos 24 de ellos murieron y más de una docena resultaron heridos.

La reacción del gobierno no se hizo esperar y ordenó cerrar los pasos por donde fluye la mayor parte del combustible y los suministros para las fuerzas ocupantes de Afganistán, y exigió a Estados Unidos evacuar sus drones de la base de Shamsi (noroeste del país).

En 1992 Pakistán arrendó a los Emiratos Árabes Unidos la base de Shamsi para las expediciones aéreas de caza de la familia real, pero fuentes enteradas aseguran que Washington la subcontrató e instaló allí sus drones en el 2004, bajo la dirección de una división especial de la Agencia Central de Inteligencia (CIA).

Esta base jugaba un papel importante en las incursiones de aviones guiados por control remoto contra los insurgentes islamistas en el noroeste de Pakistán.

El modelo MQ-1 (Predator) carga una variedad de armamento ultramoderno donde resaltan el cañón GBU-12 Paveway, que lanza proyectiles guiados por rayo láser, y los misiles aire-tierra AGM-114 Hellfire.

La CIA emplea los aviones no tripulados para misiones clandestinas en el espacio aéreo de otros países, incluida la observación durante meses de un predio en Pakistán donde presuntamente se ocultaba el jefe de Al Qaeda, Osama bin Laden.

Los llamados “ojos” de la guerra moderna o de operaciones de espionaje, antiinmigrantes o antidrogas, son un eslabón esencial de la política bélica de Washington en los cielos de Pakistán, Iraq, Gaza o Libia, y están desplegados además en naciones del norte de África.

Unos cinco mil de estos pequeños depredadores estadounidenses están desplegados en Iraq y Afganistán, y Washington planea ahora robotizar el 15 por ciento de su fuerza aérea antes de 2015 a un costo de 230 mil millones de dólares.

De acuerdo con los diarios pakistaníes editados en ingles The News y The Times, esa instalación secreta se encontraba en Shamsi, conocida como Bandari, a unas 200 millas al suroeste de la ciudad de Quetta, en la provincia de Baluchistán y a igual distancia de Irán.

Sin embargo, según analistas y responsables estadounidenses, el cierre de Shamsi no impedirá las operaciones con aviones teleguiados, que pueden efectuarse a partir de Afganistán hacia otras naciones.

En respuesta, el máximo jefe militar pakistaní, general Pervez Ashfaq Kayani, dijo que “cualquier aparato que invada nuestro espacio aéreo será considerado hostil y derribado”.

Kayani alertó a las tropas que Pakistán rechazaría con toda su fuerza, sin importar el costo ni las consecuencias, cualquier nueva agresión como la del 26 de noviembre y concedió a sus efectivos plena libertad para responder.

*Periodista de la Redacción Asia de Prensa Latina. Ex corresponsal en China, Corea, Japón, la India y Vietnam.

arb/mne

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