Ahora la clave es capturar a Gadafi

Por Moisés Saab*

Los acontecimientos en Libia se precipitan con el paso de las horas y la OTAN y el autodesignado Consejo Nacional (CNT) apresuran la cacería humana contra Muamar el Gadafi.

Esa premura tiene una explicación: de su captura depende el éxito de meses de bombardeos y muerte para controlar Libia y sus recursos, pero también es un paso importante en la estrategia africana y medioriental de las potencias occidentales.

Evidencia de esa lógica es el esfuerzo con que las heterogéneas milicias del CNT entraron en Trípoli, la capital de la Jamahirya (estado de masas, en árabe) creada por Gadafi, la cual, aunque con pobre efecto práctico, tiene un impacto sicológico y de imagen pública para apoyar el empuje sobre todo de Francia e Italia para conseguir la aceptación universal de los insurgentes como representantes legítimos libios.

De nuevo el martes pasado la OTAN machacó el complejo de Bab el Aziziya, aunque es dable suponer que el objetivo no era apresar al elusivo líder libio, sino dar un golpe de efecto, en la misma línea de razonamiento que la alianza y sus protegidos del CNT siguieron al tomar la capital libia.

Aunque en la práctica es un ejercicio en futilidad, porque si en algún lugar no estaba Gadafi era justo en ese conjunto de construcciones, el esfuerzo tiene un propósito político: demostrar que están en control de la situación en el atormentado país del norte africano, en el contexto de la reunión de urgencia convocada por la Liga Árabe para el jueves 25 de este mes.

El jueves medios del CNT aseguraban tener rodeado un edificio en Trípoli en el cual suponían estaban guarecidos el líder libio y sus hijos, una hipótesis de dudosa pronóstico, cuenta habida del estado de cosas en la capital libia y la capacidad elusiva de que ha dado muestras Gadafi, quien esta semana reiteró que permanecerá en su país hasta la victoria o el martirio.

Pero la línea seguida por los insurgentes rindió frutos el jueves cuando la Liga de Países Arabes (LPA) acordó, a petición de su Comité de Iniciativas de Paz, conceder al CNT el asiento libio, un espaldarazo que lo hace, con un golpe de dados diplomático, representante legítimo del país a los ojos de los estados miembros con todo el peso que tal decisión conlleva.

La decisión, en rigor, era esperada, ya que la LPA desde el inicio condonó las sanciones económicas y políticas acordadas contra Libia por las potencias occidentales, ha estado a lo largo del conflicto del lado de los opositores de Gadafi y, además, condonó la agresión de la OTAN, iniciada al amparo de la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU.

Aunque ese texto sólo alude a la adopción de medidas para proteger a la población civil de alegados abusos de los derechos humanos en Libia y, en modo alguno, avala los ataques aéreos de la OTAN, alianza castrense que no es miembro del sistema de la ONU, la Liga cobró de esa manera a Gadafi sus frecuentes desplantes.

Y entre los países miembros, Catar, que participa en el esfuerzo castrense contra el gobierno libio y envió fuerzas especiales para que sirvieran de guardaespaldas a los miembros del CNT, todos ex ministros de la Jamahirya.

Los militares cataries compartieron esa tarea con colegas del SAS, el cuerpo de élite británico; la Fuerza Delta estadounidense y el Groupe des commando parachutiste de Francia, acorde con precisiones del sitio digital israelí debka.com, especializado en temas castrenses.

Pero el fenómeno libio encierra un grupo de complejidades que resulta ingenuo pasar por alto: Gadafi sigue libre y en paradero desconocido; existen interrogantes sobre la repentina desaparición del panorama de algunas de sus unidades blindadas y, en perspectiva, las dificultades que comporta el control del vasto territorio libio constituyen una incógnita a tener en cuenta en la compleja ecuación.

Significativas porciones de ese país son en gran parte desérticas y coto privado de tribus beduinas que se consideran sus propios gobiernos y cuyas lealtades el CNT tiene que ganarse, una tarea de resultado impreciso.

Ese es uno de los factores que mueve a este cronista a considerar que en Libia, tampoco, la historia ha llegado a su fin.

* Jefe de la redacción Africa-Medio Oriente de Prensa Latina.

em/msl

http://www.prensa-latina.cu/index.php?option=com_content&task=view&idioma=1&id=317961&Itemid=1

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