La mano silenciosa de Arabia Saudita contra la primavera árabe

Protestas en Yemen

Las protestas en Yemen son el principal dolor de cabeza de la diplomacia saudita.

Por Abraham Zamorano

BBC Mundo

La receta de Arabia Saudita para contener la expansión a su territorio de las revueltas de la “primavera árabe”, que empezaron hace seis meses, tiene tres ingredientes: mano dura, una actividad diplomática cada vez más intensa y cantidades ingentes de dinero en ayudas sociales.

En el exterior, las autoridades sauditas impulsan algo así como el “internacionalismo contrarrevolucionario” y trabajan en varios frentes diplomáticos para evitar que triunfe alguno de los levantamientos en la región, sobre todo en la península Arábiga. Y especialmente con monarquías.

En el plano interno, Riad se ha puesto manos a la obra para gastar miles de millones en ayudas sociales –sobre todo en promoción de vivienda y creación de empleo (en el Ministerio de Interior)–.

Es la fórmula con la que intenta evitar que se convierta en revuelta el alto desempleo (10% según cifras oficiales; 20% según otros cálculos). Mientras tanto, el inmovilismo continúa en política y el país sigue siendo uno de los más cerrados y con menos libertades del mundo.

Basta poner como ejemplos que la prensa no puede hablar de nada que no esté estrictamente dentro de los parámetros de la ley islámica o que una mujer proteste para poder manejar autos: y lo llamativo es que una mujer se atreva a protestar, no que no pueda conducir.

Subvenciones sí, libertades no

Nada más regresar de un tratamiento médico en EE.UU., en febrero, el rey Abdulá lanzó el programa de ayudas sociales, US$31.000 millones destinados a vacunarse de la contagiosa primavera árabe. No habían pasado dos semanas de la caída de Hosni Mubarak en Egipto.

En marzo, al tiempo que las revueltas continuaban, se liberaron otros US$96.000 millones y se anunció la creación de 60.000 empleos en el Ministerio del Interior.

Según Christoph Wilcke, responsable para Oriente Medio de la organización defensora de los derechos humanos Human Rights Watch, “mientras el rey Abdulá anuncia sus regalos financieros a los ciudadanos sauditas, su policía detiene a los que quieren un cambio más significativo”.

“El número de arrestos se ha disparado dramáticamente”, denunció Wilcke.

Las protestas, incluso pacíficas, están absolutamente prohibidas. Concentradas en las provincias orientales, donde hay una mayor presencia de musulmanes chiitas, cualquier manifestación de disidencia conduce directamente a la cárcel.

“De momento le han dado un tratamiento fundamentalmente económico y no político al asunto. Nada de libertades, parecen creer que si alimentas a la gente, no habrá revueltas”, explica Omar al Tayed, editor del servicio árabe de la BBC.

Internacionalismo contrarrevolucionario

Pero más allá de la fuerte represión y el intenso incremento del gasto social, el otro plano en el que Riad se mueve, y mucho, para evitar que surja en su país un brote revolucionario es el diplomático.

“No es de su interés el triunfó de ninguna revuelta, ni siquiera la que trató de forma más desfavorable para el régimen, Libia. No quiere que crezca el fenómeno ni lo que lo anima, que es la lucha contra regímenes corruptos y dictatoriales”, le dijo a BBC Mundo Ignacio Gutiérrez, profesor de Estudios Árabes de la Universidad Autónoma de Madrid.

Según el experto, “los factores que dan lugar a las protestas son comunes a los países de la región, pero en Arabia Saudita se dan de forma más virulenta por la crisis económica”.

Rey Abdulá

El rey Abdulá lanzó el paquete de ayudas nada más regresar de un tratamiento médico en EE.UU.

“Si cualquier ciudadano tiene motivos para levantarse en Siria, Marruecos o Jordania, más razones en Arabia, y eso el régimen lo sabe”.

Ya en medio de las protestas de Egipto, el gobierno saudita se ofreció para financiar a Hosni Mubarak haciéndose cargo de lo que dejaba de transferir Estados Unidos.

Incluso sorprendió la actitud respecto a Siria, aliado del enemigo histórico Irán (único país de la región donde los chiitas son mayoría), con el que incluso intercambiaron declaraciones de mutua comprensión en la represión.

Y, recientemente, en un movimiento que pasó relativamente desapercibido, la decisión de invitar a los reinos de Jordania y Marruecos a formar parte del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), que agrupa a las monarquías de la región.

“Arabia comprobó que EE.UU. no va a mantener a sus aliados a cualquier precio, como le pasó a Mubarak. Por tanto, intenta ampliar sus círculos y dar la idea de que hay una alianza, de que con tenues reformas pueden contener las revueltas”, opina Gutiérrez.

En la misma línea, Mohamad Masri, investigador del Centro de Estudios Estratégicos de la Universidad de Jordania, le dijo a la agencia AFP que “los países del Golfo Pérsico sienten la necesidad de tener su propia red para proteger sus intereses”.

O, en palabras de Samer Tawil, exministro jordano: “Los líderes árabes consideran que reorganizándose pueden protegerse política y militarmente, en lugar de depender de Occidente, particularmente de EE.UU.”.

Al lado de casa, ni hablar

Hariri

Hariri, la mujer saudita que desafió la prohibición de manejar.

Pero donde no están dispuestos en Riad a tolerar el más mínimo conato de rebelión es en la península Arábiga. En Bahréin, la respuesta fue contundente. Difícilmente se puede decir que es un movimiento diplomático: mandó al menos mil soldados para ayudar a la Monarquía a sofocar la protesta de chiitas.

Al parecer, para la monarquía, esas protestas estaban incomodamente cerca de su propia minoría chiita y de sus principales campos petroleros

El último episodio es Yemen, inmerso en una profunda crisis y cuyo presidente, Alí Abdulá Saleh, se encuentra hospitalizado en Arabia Saudita tras sufrir un atentado.

“En un principio la actitud fue favorable al régimen, pero la fuerza de los acontecimientos ha ido obligando a que buscara otras opciones”, recuerda el profesor Gutiérrez.

Con “la fuerza de los acontecimientos”, el experto se refiere al empecinamiento del presidente en resolver la protesta por la vía de la represión que ha hecho que la secretaria de Estado de EE.UU., Hillary Clinton, termine por insistir en exigir su salida.

“EE.UU. ya piensa que Saleh es parte del problema y no la solución, y no olvidemos que buena parte de la política exterior saudí todavía la dicta Washington”.

Y precisamente Washington, que se ha mostrado locuaz en casos como los de Libia, Egipto o Yémen, ha guardado silencio en torno a Arabia Saudita y su papel contrarrevolucionario en la primavera árabe.

http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2011/06/110609_analisis_arabia_saudita_primavera_protestas_represion_diplomacia_az.shtml

 

Deja un comentario

Archivado bajo General, Política

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s