El imperialismo encubre a Gaddafi Y extorsiona a la sublevación popular para imponer su propia salida

Por Jorge Altamira

Mientras los titulares informativos ponen la atención en la suerte variable de las operaciones militares de uno y otro campo en el enfrentamiento entre el gobierno libio y las unidades de la población sublevada en el este del país, el desenlace de la crisis revolucionaria en Libia se juega en el plano político internacional. Para empezar, contra toda la propaganda que ubica al imperialismo en el campo opositor a Gaddafi, el Financial Times (4/3) no vacila en asegurar que “los millones del petróleo aún fluyen hacia Gaddafi”. Más precisamente, “Los pagos por la exportación del petróleo crudo encuentran su camino de retorno al Banco Central de Libia y, potencialmente, al control directo del coronel Gaddafi, de acuerdo a funcionarios occidentales de alto rango y comerciantes contactados por FT”. Los ingresos por la exportación de un millón de barriles diarios e! ntre la última semana de febrero y los primeros días de marzo totalizaron 770 millones de dólares. Como el arma fundamental de la guerra es el dinero, el aporte internacional que recibe Gaddafi es decisivo para su performance militar. Sintomáticamente, las ‘agresivas’ posiciones adoptadas por la ONU y la Otan contra el ‘jefe máximo’ de Libia no incluyen el embargo petrolero.

Tampoco han sido embargadas ni congeladas las inversiones del Fondo Soberano de Libia en las mayores multinacionales. El nacionalista Gaddafi no ha destinado las reservas de divisas de Libia a pagar la deuda externa -como se hace en Argentina-, sino a integrar los capitales de Glaxo, Shell, Vodafone, British Petroleum, Exxon, Chevron, Pfizer, Halliburton, etc. (Urgente24.com). Esta lista no incluye las inversiones de las multinacionales en Libia, incluidas las de China. “En 1977, Libia acudió al rescate de Fiat y compró el 15% de sus acciones. La participación de capital libio en Fiat es del 2%; Fiat integra ahora el capital de Chrysler, junto al Tesoro de Estados Unidos. Gaddafi posee incluso parte del capital del Juventus. Con el primer ministro Berlusconi se encuentra aliado, vía Fininvest, en importantes medios de comunicación. Gaddafi no ha dejado de recibir los dividendos de estas inversione! s en sus cuentas en Europa desde el inicio de la revolución. Es claro que el imperialismo está lejos del propósito de estrangular a Gaddafi económicamente. Una intervención sobre esta amplia gama de inversiones alteraría el funcionamiento de las Bolsas internacionales”, y “corre el riesgo de que algunos países árabes podrían retirar sus fondos…” (Urgente). La mayor parte de ellos manejan sus excedentes financieros por medio de Fondos Soberanos. “Más recientemente -reporta Le Monde (3/3)-, el Fondo Soberano de Libia se ha lanzado a la gestión financiera llamada alternativa, mediante la creación de su propio fondo especulativo en Londres, FM Capital Partners, dotado de 3 mil millones de libras esterlinas (4,5 mil millones de dólares). En total, de acuerdo a fuentes oficiales, esta cartera reportó, entre 2006 y 2009, 2,4 mil millones de dólares (y sigue)”. El chavista del norte de Africa cuenta con un enorme financiamiento mundial para librar su guerra contra las poblaciones rebeldes.

Las promesas de bloqueos militares no han tenido mejor destino. Luego de innumerables advertencias, el establecimiento de una zona de exclusión aérea para la aviación de Gaddafi no ha ido a ningún lado. “Nada de eso parece haber cuajado -relata la corresponsal de La Nación (6/3)-, incluso entre quienes aquí cuestionan a la Casa Blanca por no apoyar más abiertamente a los rebeldes”. Tienen sus ‘razones’: “Me encantaría poder entregar armas a las fuerzas de oposición en Libia, pero no sé quiénes son ni a qué apuestan, admitió el senador republicano Lindsey Gram” (La Nación). Gaddafi es, entonces, el ‘mal menor’. El imperialismo no le ha bajado el pulgar a Gaddafi; para hacerlo, espera que éste haya doblegado a la oposición y que empuje a la misma a ponerse bajo la tutela del imperialismo. Obama, cie! rtamente, “intensifica las operaciones militares en Libia” (WSWS.org), que cita al New York Times para denunciar la presencia en las costas de Libia de la Unidad Expedicionaria de la Marina, la que provee una fuerza completa de aire, mar y tierra capaz de proyectar su poder en forma inmediata a través de centenares de kilómetros, a partir del Mediterráneo o de un puente de playa. Este despliegue, sin embargo, sólo significa (y nada menos) que el imperialismo yanqui pretende arbitrar en su beneficio un impasse en el terreno, o sea dictar los términos de una salida política. Como lo explica mejor un columnista del New York Times (La Nación, 8/3): “Sin un solo disparo, una operación relativamente pasiva que emplee un avión para obstruir las señales en el espacio aéreo internacional podría estorbar la comunicación del gobierno libio con sus unidades militares”. Si es! to no se hace es porque la libertad de acción de la aviación de Gaddafi funciona como una extorsión, por parte de Obama, al bloque de fuerzas revolucionarias que se han levantado contra el dictador pro-imperialista. Era ese el encargo que tenía una fuerza de comandos británicos que desembarcó en el este del país y fue detenida por los comités revolucionarios.

Es que en el campo opositor se desarrolla una fuerte crisis política, que tiene por eje el planteo de formar “un gobierno de transición” dirigido por el ex ministro de Justicia de Gaddafi, Mustafá Abdel-Jalil (Stratfor, 8/3). Abdel-Jalil es el hombre del imperialismo, que ha propuesto una amnistía para Gaddafi y el llamado a elecciones en noventa días. La formación del gobierno busca acabar con la actividad autónoma de los comités, precisamente para superar la desconfianza que produce en el imperialismo la ‘anarquía’ que reinaría en el campo revolucionario. Una mayoría de este gobierno está compuesta por funcionarios de alta jerarquía que han defeccionado de Gaddafi. Las compañías petroleras han cesado virtualmente la producción en los yacimientos del este. De acuerdo a algunas fuentes, este gobierno pretender&i! acute;a organizar una marcha de conquista hacia el oeste, lo que implica una cobertura militar extranjera, al menos bajo la forma de una intervención que neutralice a la aviación de Gaddafi, por eso ha pedido una declaración internacional de veda del espacio aéreo. Pero el avance de la revolución desde su inicio, el 17 de febrero, no se ha producido de este modo, sino por medio de levantamientos revolucionarios en sucesivas ciudades. Es el camino a seguir, pero para eso hay que poner fin a este gobierno que se ha formado a espaldas de los comités. Un gobierno realmente revolucionario desarrollaría una amplia agitación nacional para producir nuevos levantamientos populares.

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