FUERA MANOS DE LIBIA

Marcos Domich

Parece inminente una intervención de la OTAN o los EUA en Libia. Gadafi está ganando la batalla de retomar zonas bajo control rebelde, sobre todo al Este del país, donde se encuentra Bengasi la segunda ciudad en importancia y con importantes instalaciones y reservas petroleras. Acompañada de una campaña mediática inmoral, por su contenido mentiroso, los EUA están tratando de forzar una intervención militar directa, empezando por el establecimiento de una “zona de exclusión aérea” que, en los hechos, significa francas acciones de guerra. El objetivo falazmente humanitario – pues no pararía ningún derramamiento de sangre, sino lo incrementaría, como sucedió en Yugoslavia (Bosnia) en 1993- no es el que proclaman Obama y la Clinton, sino aislar a Gadafi en Trípoli y proceder a la escisión del país. Cada día los altos funcionarios de la Casa Blanca o el Pentágono dicen que están dispuestos a brindar todo tipo de “ayuda” para derrocar a Gadafi. Rematan su oferta diciendo, además, “que ninguna opción está descaratada”. En otras palabras esto quiere decir que la invasión a Libia está preparada. Para eso están llegando a la costa Libia barcos de guerra con un fuerte contingente de marines y armamento pesado.

Empero la zona de exclusión no ha sido establecida por varias razones. Los aliados europeos de Obama tienen temores fundados de que esto signifique otra guerra y no apoyan la idea. Los propios generales del Pentágono dudan y explican que eso significa directamente “guerra en el Magreb”; el costo no será pequeño, sobre todo en vidas civiles y en soldados. La opinión pública europea (y de otros continentes) está saliendo del engaño de las noticias virtuales y se torna más reflexiva y se pronunica contra cualquier nueva aventura militar. Pero lo más importante es que hasta en las “zonas liberadas de Gadafi” no es aceptada la presencia de tropas estadounidenses. En Bengasi, el portavoz del Comité Revolucionario dijo que no querían ninguna violación a la soberanía libia y que tenían hombres y armas libios para liberar Trípoli. A este contundente rechazo se agrega la opinión –citada por Fidel- de la profesora universitaria Abeir Imneina: “es nuestra revolución y corresponde a nosotros hacerla”. Dicho de otro modo: si hay que pedirle cuentas a Gadafi, sólo el propio pueblo Libio debe hacerlo.

Es que los rebeldes libios, como los egipcios, tunecinos o yemenitas no son unos proyanquis y saben que defienden lo suyo, el petróleo y el nivel de vida que tienen. El régimen de Gadafi, las dos primeras décadas, se caracterizó por su atención a los intereses del pueblo que es el de más alto nivel de vida, salud, educación y vivienda en África. No quieren de ninguna manera mirarse en el espejo de Irak que, por la invasión de la OTAN en pos de su petróleo, se ha convertido en un pueblo miserable y torturado. Con la intervención a Libia EUA y la OTAN amenazan a los otros países cuyas insurrecciones están por triunfar: Yemen, Marruecos, Jordania, Bahréin, Omán y hasta la monarquía policíaca de Arabia Saudí.

Con gran visión Hugo Chávez ha introducido un factor que detiene la impulsividad yanqui: la propuesta de de organizar una comisión internacional mediadora entre Gadafi y los insurrectos. Contrariamente a lo que (des)informan los medios transnacionales, la propuesta va ganando adeptos y, en primer lugar, está la Liga de Países Árabes. Los cancilleres del ALBA toman las iniciativas necesarias, después que Gadafi diera su asentimiento. Nadie en el mundo, excepto los halcones, quiere guerra.

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