¿A dónde va el Medio Oriente?

Julio Ortega Tous

El Medio Oriente es una pradera en fuego. Es la región del mundo donde mayor conflictividad presentan las fuerzas y actores intervinientes. Problemas seculares le caracterizan. Cuna de las tres grandes religiones monoteístas –cristianismo, islamismo y judaísmo– ha sido, desde la división del Imperio Romano, en Imperio de Occidente e Imperio de Oriente, centro de confrontaciones milenarias.

Sin embargo, la fragilidad que presentan actualmente los equilibrios de poder en la región, viene dada por fenómenos más recientes. La disolución del Imperio Otomano después de la I Guerra Mundial; la colonización europea del Norte de África y de la Península Arábiga; el descubrimiento y explotación de las mayores reservas de petróleo y gas del mundo; la apertura del Canal de Suez, que acortó a la mitad el tiempo de comunicación entre Asia, Medio Oriente, Europa y América del Norte; la creación del Estado de Israel y la desaparición de Palestina en 1948; y la generalización de regímenes dictatoriales, sean militares o monarquías absolutas, entre otros fenómenos relevantes.

Las sucesivas guerras israelí-árabes desde 1948 y las dictaduras hereditarias guardianas de los intereses occidentales, han caracterizado la región. Sin embargo, la ausencia de todo tipo de respeto a los derechos humanos, la entronización de dictaduras sangrientas y corruptas, a nombre de la estabilidad, la unidad nacional y la lucha contra “el sionismo”, han sido una constante en el Medio Oriente. Ya en 1979 uno de los mayores productores de petróleo y aliados hasta entonces de Estados Unidos y Occidente, sucumbió al poder de todo un pueblo movilizado masivamente. Muchos recordamos que el actual régimen de los “ayatolás” fue el resultado de un enorme movimiento de masas contra la autocracia corrupta y pro-occidental del Mohammad Reza Pahlevi, el Sha de Irán, que gobernó el país persa con mano de hierro desde 1941 hasta 1979. Cuando irrumpió el movimiento popular dirigido por los ayatolás en 1978, Occidente se quedó sin política frente a este país clave de Asia Central y el Medio Oriente. La única política –absurda y sangrienta– fue usar a Sadam Hussein como punta de lanza en una guerra que desangró Irán y también a Irak por casi 8 años.

La reciente irrupción de un movimiento democrático, laico y ampliamente masivo en Túnez primero, y posteriormente en Egipto, está dejando a Occidente sin política, poniendo en extrema tensión a Israel, para quien la subsistencia de un régimen difunto, el del dictador Hosni Mubarak, ha sido una clave esencial en su estrategia regional desde la firma de los tratados de Camp David entre Egipto e Israel en 1978, bajo la égida del Presidente Jimmy Carter.

Esa pieza clave de toda la estrategia occidental para Medio Oriente se está cayendo, y mientras más se resista a dejar el poder probablemente más complicará el panorama, ya que el movimiento por la democracia y la libertad egipcia, podrá radicalizarse aún más extendiéndose a otros países de la región como Yemen, Líbano, los territorios palestinos ocupados por Israel, Jordania, Marruecos, Argelia, e incluso, la propia Arabia Saudita.

Con el fin de la dictadura militar en Egipto, que comenzó como un movimiento militar antimonárquico y nacionalista en 1952, todo el ajedrez geopolítico de Medio Oriente cambia.

Dependerá en gran parte de la claridad de Occidente, en particular de los Estados Unidos, de lejos el país más influyente en la región, quedarse aislado de un movimiento que debiera inspirar todo el apoyo y respeto por su carácter democrático y laico, que el mismo tome un firme camino a la democracia y la libertad, o que tome un derrotero de intolerancia e islamismo. Ya es evidente la decepción en los valientes cairotas y egipcios que piden a gritos que los Estados Unidos ayuden a sacar al dictador.

Tienen la influencia y los medios para hacerlo. Si el movimiento democrático egipcio no es escuchado y ayudado en su heroica lucha, podrían derivarse consecuencias gravísimas para occidente y el mundo.

Las masas árabes se han levantado. Han dicho ¡basta! Piden libertad, pluralismo, fin de la corrupción, de la tortura y de la autocracia. Pero si no son abandonadas a su suerte, la tentación islamista está latente, y sería en gran parte responsabilidad de Occidente esa deriva. Para el mundo entero lo que pasa en Egipto, es tan importante como lo que pasó en Berlín en 1989. La ola que acabó con los regímenes estalinistas del “socialismo real” y que terminó con la disolución de la Unión Soviética, puede repetirse, con peligros aún mayores en Medio Oriente. Es hora de actuar. Es hora de la libertad y la democracia para los pueblos árabes.

http://www.listindiario.com.do/puntos-de-vista/2011/2/7/176582/A-donde-va-el-Medio-Oriente

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